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Gobierno global

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UNIDOS DE MUTUO ACUERDO O A LA FUERZA

La idea de un gobierno planetario es uno de los conceptos más habituales de la ciencia ficción. En innumerables novelas, películas y series aparecen federaciones, repúblicas galácticas o imperios interplanetarios que representan a la humanidad como una única entidad política. La lógica detrás de estas estructuras es sencilla: si la humanidad aspira a expandirse por el espacio o incluso simplemente a sobrevivir como civilización, tarde o temprano deberá pensar y organizarse a escala planetaria.

Muchos de los grandes problemas contemporáneos ya poseen una dimensión global. El cambio climático, las pandemias, la escasez de recursos o la regulación del espacio y de nuevas tecnologías difícilmente pueden resolverse mediante estados independientes con intereses propios. Desde esta perspectiva, la fragmentación política del planeta aparece cada vez más como una limitación estructural para gestionar desafíos que afectan a toda la especie humana.

Nuestro futuro pasa por tener un gobierno global terrestre. Lo ideal sería que fuera algo consensuado, pero la realidad política actual lo hace parecer imposible. Ningún país está dispuesto a perder su soberanía en pos del bien común; lejos de ello, abundan las corrientes independentistas dentro de cada nación.

En este contexto, solo queda un camino para llegar a un gobierno global: por la fuerza. Y en esas está EEUU desde hace décadas, ejerciendo una forma de liderazgo global de facto, apoyado en su peso económico, militar y tecnológico, eliminando a aquellas ovejas negras que ponen palos en las ruedas de la democracia y el capitalismo.

Israel no solo ha sabido seguirle el juego, sino que, lejos de obsesionarse con el control mundial, ha buscado controlar a EEUU. ¿Para qué controlar el mundo si puedes controlar al que lo controla? Y luego tenemos a Rusia y a China, antagonistas pasado y presente de EEUU, que también pugnan por el control mundial.

Al resto de países no les queda otra que posicionarse en un bando u otro para finalmente ser absorbidos. Si Europa fuera actualmente una federación de estados como EEUU y tuviera su cultura de cohesión, no solo podría ser quien arbitrase con contundencia entre ambos bandos, sino que incluso podría impulsar un gobierno global consensuado.

Si no abandonamos la política actual de naciones de manera voluntaria y ordenada, uno de los dos bandos terminará obligándonos a ello.

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