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Bloqueo por spam: La obsolescencia de números

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En España, la Lista Robinson nació en 1993 para que cualquier persona que lo solicitara dejara de recibir publicidad postal no deseada, algo que con el tiempo se amplió al teléfono, los SMS y el correo electrónico. Sin embargo, durante años no todo el mundo conocía la existencia de la Lista Robinson ni tenía ocasión de inscribirse, y muchas empresas optaban por arriesgarse a toparse con alguien que sí estuviera inscrito y que tuviera ganas y tiempo para denunciar. Les salía a cuenta.

En 2023 (en España) se aprobó la ley por la que este tipo de comunicaciones comerciales no solicitadas quedaban totalmente prohibidas. Pese a ello, a día de hoy todos seguimos recibiendo llamadas que no queremos. Cada día, millones de personas en todo el mundo bloquean números de teléfono. Las empresas de marketing y publicidad más agresivas adquieren constantemente nuevos números, desechando literalmente otros tantos a diario. No es que los «tiren a la basura» ni que las compañías telefónicas los anulen: son números reportados masivamente como spam y que cualquier móvil actual identifica automáticamente como tales.

Sin duda, el problema fundamental es la molestia diaria de oír sonar el teléfono para nada, pero existe otro fenómeno subyacente que no tardará en dar la cara: la obsolescencia de números. Matemáticamente es imposible «quedarnos sin números», pero resulta evidente la falta de eficiencia y los problemas que este bloqueo masivo puede generar. Desde la estafa de vender estos números prácticamente inservibles hasta su reutilización en actividades delictivas, al estar atrapados en una especie de limbo digital.

No estaría de más que el Gobierno buscara en Google las listas cooperativas de números reportados como spam que todos hemos consultado —«¿De quién es este número?»— y procediera a identificar a sus propietarios para sancionarlos, pero lo que sería apuntarse un tanto sería hacer un estudio sobre esta obsolescencia de números para evitarla.

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